We are the world, somos el mundo, fue cantada por toda la humanidad en marzo de 1985. Un mensaje de fraternidad, que evocaba a la humanidad como a una gran familia, donde todos debemos cuidarnos y protegernos los unos a los otros.
Esa es la idea de la canción, si bien encontramos en ella referencias cristianas, su mensaje es ecuménico.
Somos el mundo, fue creada una década y media después del programa Apolo, donde 12 de 24 astronautas, caminaron sobre la luna. Uno de ellos, el sexto en caminar sobre ella, Edgar Mitchell narró más tarde su experiencia de la siguiente manera:
«De pronto, por detrás del borde de la luna, se asomó, en largos momentos de inmensa majestuosidad, una brillante joya azul y blanca, una luminosa, suave esfera de color azul cielo, rodeada por lentos velos blancos arremolinados, emergiendo gradualmente como una pequeña perla en un profundo océano de negro misterio. Toma tiempo darnos cuenta realmente, de que esta es la tierra… nuestro hogar» (mi traducción).
Da la impresión que esta estremecedora vivencia sigue resonando, aún, quince años después, en We are the world.
El 2024, 39 años después, se estrenó el documental La gran noche del pop, que nos cuenta cómo fue creada la canción. El documental, fue estrenado luego en Netflix.
Ahí nos enteramos que fue concebida un día antes de la Navidad de 1984. Y que fue grabada en una sola noche, de ahí el título del documental, de las veintidós horas del día 28 de enero de 1985 a la madrugada del día siguiente.
En poco más de treinta días, fue creada una canción para 47 cantantes.
Los artistas que participaron pertenecían al selecto grupo de las más grandes estrellas de su tiempo. Todos grabaron juntos en un mismo estudio de grabación.
El evento nocturno fue tan impresionante que se realizó en paralelo un registro audiovisual, con el cual fue creado más tarde el videoclip y décadas más tarde el documental.
Es decir, durante febrero, el mes siguiente: se produjo la canción, se montó el videoclip, se fabricaron los discos de vinilo, los casetes y echó a andar el merchandising.
Una vez lanzada, nadie cuestionó su mensaje, era imposible, todos la acogieron en sus corazones y se sumaron a la causa, pues se trataba de salvar cientos de miles de vidas…
La idea nació a partir de un reportaje de la BBC del Reino Unido para la televisión, llamado Hambruna bíblica, que mostraba impresionantes imágenes de Etiopía, país donde hubo cerca de ocho millones de víctimas por el hambre y murieron más de un millón.
Este reportaje, realizado en 1984, es uno de los más famosos del siglo XX, del así llamado periodismo de crisis.
Michael Buerk, el periodista que lo realizó, lo describió como «una hambruna bíblica en el siglo XX», y también le llamó «lo más parecido al infierno en la Tierra».
Debido al impacto que provocó el reportaje fue transmitido por 425 cadenas de televisión en todo el mundo. En tiempos, donde no había redes sociales, ni plataformas de video.
El reportaje, inspiró la canción inglesa “¿Saben que es Navidad?”, creada por músicos ingleses y difundida en la Navidad de ese mismo año para recaudar fondos.
Es interesante observar como una y otra vez en torno a la génesis de We are the world el cristianismo siempre estuvo presente.
En síntesis: a raíz de la hambruna en Etiopía, vino el reportaje de televisión, luego la canción inglesa y ahí fue cuando nació We are the world.
Los más de 80 millones de dólares recaudados fueron enviados a Etiopía y a países vecinos. La canción vendió más de siete millones de copias.
Vale decir que todo fue gatillado por un reportaje, narrado y presentado con un poder de persuasión tal que culminó no solo con We are the world, sino que, dos meses más tarde, con dos conciertos simultáneos, tanto en Estados Unidos como en Inglaterra, los Live Aid, donde tuvo lugar la legendaria presentación de Queen, plasmada para la eternidad en la brillante película Bohemian Rhapsody del año 2018.
En Londres, Freddie Mercury y los más de setenta mil asistentes, no cantaron we are the world, sino we are the champions, y cerraron el evento con “¿Saben que es Navidad?”, cantada por los artistas ingleses.
Era una época de marcados contrastes. Mientras que una parte de la humanidad moría de hambre, unos ocho meses antes del famoso reportaje de la BBC, otra parte de la humanidad festejaba el lanzamiento del Macquintoch de Apple el primer computador personal popular que incluía un mouse y la revolucionaria interfaz gráfica de usuario, inaugurando la era digital.
El milagro tecnológico, fue publicitado mediante un magistral anuncio de televisión que hacía referencia al Gran Hermano.
Es decir, mientras unos estaban ocupados de la libertad de expresión, otros de la sobrevivencia.
Si les interesa el tema de Apple, pueden ver en mi canal el episodio del mismo nombre.
En una misma época y en un mismo mundo, unos abrazando el futuro y otros atrapados en la miseria.
Los años ochenta, fueron hijos de la contracultura de los años sesenta y setenta.
En aquel entonces, antes de la revolución digital, existían dos corrientes culturales, la oficial y la contra cultura. Los pocos medios de comunicación existentes fomentaban y difundían una u otra, se trataba de una tensión dualista.
Sin embargo, sin importar del lado que fueran, los medios de comunicación, nunca difundían imágenes sin antes darle forma en un relato.
Los reportajes eran preparados minuciosamente, narrados casi poéticamente, para que el mensaje fuese claro y contundente, nada de medias tintas, una de las razones eran los elevados costos de producción.
Incluso los anuncios de cine y televisión eran por aquel entonces de muy alta calidad, creado muchas veces por los mismos grandes directores de cine de la época.
En ese sentido, les recomiendo mi video sobre Stanley Kubrick.
Así, ambas corrientes se mantenían a raya mutuamente, desenmascarando los framings de lado y lado.
Gracias al fabuloso documental La gran noche del pop, pudimos acceder también a un relato rigurosamente elaborado, mediante imágenes cuidadosamente elegidas, que culminan en una obra clara y consistente.
En él vemos varios de los más grandes artistas de la música de su época, básicamente del pop, soul, R&B, rock y country.
Dirigido desde el podio por el director de orquesta y productor Quincy Jones, que pegó sobre la entrada del estudio de grabación un papel con el texto: Deja tu ego en la puerta.
Solo los artistas pudieron entrar al estudio, los representantes, agentes o estilistas, debían quedarse afuera. Tampoco fue necesario pedir que apagaran los teléfonos celulares, pues en ese tiempo aún no eran populares.
La grabación se realizó con todos los artistas reunidos un mismo estudio de grabación, cosa que es hoy en día es cada vez menos usual debido a la popularización de las grabaciones colaborativas a distancia.
A través del documental pudimos ser testigos del proceso de creación que es cuando seres humanos coordinan sus voluntades en torno a un mismo fin.
Se trató de un mundo ideal: La prensa hizo lo suyo, el mensaje fue bien presentado y narrado.
El estado de derecho permitió y protegió la iniciativa.
Y creadores lúcidos y únicos en su especie se pusieron de acuerdo de tal modo que a cada uno le correspondió el mejor lugar posible para alcanzar el objetivo propuesto.
A través del documental tuvimos la valiosa posibilidad de presenciar tras bambalinas el proceso de creación de grandes artistas.
Se trata de una clase magistral de creatividad y genialidad.
Donde en un periodo de una hora y media, podemos dimensionar la maravilla de cómo una idea, de naturaleza inmaterial, va tomando forma material, hasta volverse perceptible ante nuestros oídos mediante la canción pero también ante nuestros ojos, a través del videoclip.
Pocas veces tenemos esta suerte.
Normalmente solo accedemos a la obra final, pero no al proceso. En el arte, el proceso generalmente permanece oculto para el público.
Una interesante excepción es la grandiosa película de Al Pacino, Buscando a Ricardo, de 1996, que prácticamente solo transcurre tras bambalinas.
Revisemos algunos de los momentos más notables de la noche de grabación.
Quincy Jones, sabiamente, para lograr la concentración necesaria, pues estaban contra el tiempo, le pidió a Bob Geldof que le transmitiera a los cantantes la seriedad de lo que sucedía en África.
Bob es un activista político que se ha involucrado fuertemente en superar la pobreza en el continente madre y fue uno de los escritores de la canción ¿Saben que es Navidad?
Él mismo fue también el protagonista de la película The Wall, estrenada en 1982, muy honesta al retratar que el mundo no iba por buen camino, mediante un pesimismo y realismo a ultranza, trataba de enterrar de una vez por todas el optimismo de All you need is love de los Beatles, quienes en lugar de terminar en el lado oscuro de la luna, realizaron un Magical Mystery Tour hacia la mística India.
Como vimos, estamos ante décadas de marcados contrastes, ya en 1977, Star Wars nos había dicho: » Soy Luke Skywalker. Estoy aquí para rescatarte».
El optimismo y pesimismo, están muy presentes en esta época.
Recordemos que además que el mundo estaba dividido en dos, debido a la cortina de hierro.
Para profundizar estos temas pueden ver mis episodios sobre Star Wars, John Lennon vs. Rogers Waters, así como Star Wars y el Padrino.
Entonces tenemos dos pares de antagonismos: el optimismo vs. el pesimismo y la irrupción de era digital vs. el renacimiento del misticismo, de la mano o no del LSD, a través uno de los movimientos contraculturales llamado New Age que hace referencia a la era de Acuario, según el zodiaco sideral.
En mi episodio sobre Apple, hablo sobre la inédita relación entre Steve Jobs y el LSD.
Por todo lo anterior We are the world, es tan significativa, pues del contraste entre las estrellas del pop y su lujosa vida y la hambruna en África, emergió una unidad, una canción, donde las estrellas del pop, unidas en un solo canto lograron reunir a la familia de la humanidad, ya anunciada en la visión del astronauta Edgard Mitchell, superando así la dualidad, al menos durante el tiempo que duró esta epifanía.
Volvamos al estudio de grabación de la canción.
Al principio la idea era componer la canción con Stevie Wonder, pero no hubo forma de ubicarlo, así fue cómo se sumó Michael Jackson, quien en 1983 creó uno de los pasos más famosos de baile, el moonwalk, el paso lunar, nombre que también le puso a su autobiografía y a su película. Incluso al día de hoy, sus fans se llaman a sí mismos los moonwalkers.
Él y Lionel Richie fueron los compositores de la canción.
Durante la grabación, Stevie Wonder propuso un verso en suajili, que es una lengua africana. Pero entre todo el barullo alguien comentó que en Etiopía no se habla suajili y finalmente el joven Bob Geldof persuadió a Stevie, con un flemático acento inglés, de que no tenía sentido hablarle a personas que están pasando hambre, sino a los que pueden donar, el gran desafío era como plantearlo sin que Stevie Wonder perdiera la motivación de seguir participando.
Pues a raíz del debate lingüístico, el cantante de música country Waylon Jennings sin apenas despedirse, se largó del lugar, comentando, según uno de los testigos: “No sé qué significa eso, pero no lo cantaré” y según otro: “No me veo cantando en suajili, mejor me voy”.
Cuando le tocó el turno a Cyndi Lauper, se escuchaba en la grabación risas de fondo. Y esto pasaba una y otra vez. Cyndi Lauper le pidió a sus compañeros que se aguantaran la risa. Lo cómico es que la apariencia y manera de cantar de Cyndi era lejos la más excéntrica de todo el grupo, y no era raro que a alguien le diera risa. Pero al final se dieron cuenta que el ruido provenía del choque entre las decenas de collares y pulseras que ella misma llevaba puestos.
Otro momento notable es que a Bob Dylan, en general, no se le veía muy cómodo e incluso da la impresión que cantaba despacio para que su voz pasara desapercibida, a la vez que la gran mayoría cantaba a todo pulmón.
Luego, cuando le tocó grabar su solo, no se le veía inspirado. Claramente, crear de esa manera, ante todos tus compañeros, no le hacía sentir muy cómodo, quizás también por el género mismo de la canción.
Y ahí fue que ocurrió el milagro.
El propio Stevie Wonder, quien a estas alturas había olvidado el suajili, sentado al piano, llamó a Dylan y habiendo notado -recordemos que Stevie Wonder ciego- que Dylan no estaba muy cómodo, comenzó a imitar su forma de cantar, y así, en medio de risas y de lo que parecía un juego, creó las condiciones para que la musa de Dylan se hiciera nuevamente presente, de tal modo que también encontró su lugar en la canción, al punto que cuando se escucha el fragmento, la canción gana fuerza, gracias a ese bonito timbre suyo, tan propio de él.
Para mi este es el momento más significativo del documental, el encuentro entre Stevie Wonder y Bob Dylan.
Para finalizar, comentarles, una curiosidad: La letra de la canción tiene una estrofa que dice “Como Dios nos ha mostrado convirtiendo piedras en pan, así todos debemos echar una mano” (mi traducción).
Lo cierto es que el nuevo testamento nos dice que el diablo tentó a Jesús para que convirtiera piedras en pan, pero que este se negó.
La cita es errónea.
Lo más probable es que por la falta de tiempo se les olvidó a revisar la letra con un editor, pues a todas luces lo que tenían en mente era la multiplicación de panes y peces.
Ahora, si dejamos correr la imaginación podemos afirmar que se trató de un acierto, pues si bien Cristo hizo lo correcto al no caer en la tentación, nosotros sí podemos convertir piedras en pan.
Podemos conciliar los opuestos y las polaridades, salir de las trincheras por una causa superior, al menos, eso fue lo que hicieron este puñado de estrellas en la gran noche del pop.
Aquí hago el comentario en un video y podcast
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