Hola a todos, en este episodio quiero hablarles sobre el Liberalismo.
Para este fin, aclaro de antemano, que mi postura respecto a la cuestión social es filosófica y artística, por lo tanto, trato de poner en el centro las inquietudes del corazón y de la razón.
A partir de ambos principios, hago el ejercicio de tratar el fenómeno humano desde el punto de vista de la coherencia y de la consecuencia, donde está última, según la RAE significa: “Correspondencia entre los principios que profesa una persona y su conducta”. 1
Lo primero: a los liberales les encanta el framing, que en jerga periodística significa, contar algo de manera incompleta, es decir haciendo un encuadre, de tal manera que deja dentro lo que les interesa, y afuera lo que no.
Por ejemplo, ensalzan a Suiza como uno de los países más ricos y liberales del mundo, pero ups, olvidan decir que, al mismo tiempo, es uno de los que practica la democracia directa más completa del mundo, sus asambleas se remontan a la edad media, y estas a su vez a la antigua Atenas, una tradición que tiene alrededor de dos mil quinientos años, de tal modo que los ciudadanos mismos ejercen la soberanía.2
Así, un elemento, como la democracia directa, tan fascinante e interesante como objeto de estudio, es dejado fuera del marco de la conversación y de su abundante producción literaria, empobreciendo de esta manera el debate.
Para estudiar de cerca el modelo suizo recomiendo encarecidamente los libros del economista chileno Eduardo Schindler, radicado en Suiza hace más de cuatro décadas.3
Lo mismo ocurre con la admiración y repetida remisión a al libre mercado de los Estados Unidos, y en general a la economía y cultura de la angloesfera central.
Pero ups, nuevamente olvidan algo muy importante: la milenaria tradición de los juicios de jurado, en donde el que condena, no es el juez, sino el ciudadano. Nuevamente, estamos ante un factor decisivo: en ciertas áreas del poder judicial, la soberanía recae otra vez, directamente, sobre los ciudadanos.
Nuevamente, algo tan interesante y fabuloso como objeto de estudio, tampoco es tratado en sus debates, ni en sus libros.
En este contexto recomiendo los escritos del argentino Edmundo Hendler: Sistemas penales comparados y El juicio por jurados. 4 Ambos son una excelente introducción, pues los argentinos, llevan varios años poniendo en práctica este modelo, que ya existía en su constitución de 1853.
El segundo elemento que llama muchísimo la atención en los liberales, es su concepto de libertad, da la impresión que para ellos se restringe básicamente a tres acepciones:
Libertad de acción, que supuso, históricamente hablando, el fin de la esclavitud.
Libertad de elección, la cual resaltan religiosamente, pues es el fundamento del libre mercado, del estado liberal y de la globalización económica.
Y la libre expresión, en la cual se han apoyado muchísimo estos últimos años, para impulsar la batalla cultural. Este nombre es de larga data, ya lo encontramos en la época de Bismarck, a finales del mil ochocientos, para apuntar a la disputa entre católicos y el gobierno prusiano, pues Bismarck quería restar poder a todo lo latino.5
Hoy por hoy, la batalla cultural de los liberales, es contra los socialistas y todo lo que no sea liberal, salvo contra los conservadores, con quienes realizan alianzas políticas debido a sus intereses comunes.
Sin embargo, existe aún una cuarta y olvidada acepción que dejan fuera del encuadre: la libertad de decir que NO.
¿Quiénes realmente pueden hoy en día decir que no?
Bien, ahí tenemos dos framing: exaltar procesos económicos en desmedro de los sociales (democracia directa y juicio por jurados) y su parcial noción de libertad, que no considera la posibilidad de decir que NO.
En el discurso, el liberalismo pone en el centro al individuo y su propiedad.
Pero lo cierto es que, debido justamente a la imposibilidad de decir que NO, se trata en realidad de un familismo, es decir, en el centro no está el individuo, sino la familia, el clan, el linaje o el grupo de interés, y su propiedad.
Ahora, algunos sí reconocen este punto, pero no tan abiertamente, pues la seducción pública de su discurso se contonea en torno al individualismo, al Self-Made Man.
Ahora, el liberalismo es un hecho histórico y una filosofía, que nació en el seno de la cultura anglosajona.
Para Adam Smith, que vivió durante el siglo XVIII, el emprendedor y el inversionista no eran figuras separadas: el que emprendía era al mismo tiempo, dueño de su emprendimiento, más tarde esto cambió con el auge de las sociedades por acciones. 6
El emprendedor originario, tenía una idea, conseguía los medios y él mismo la llevaba a cabo. En sus manos estaban la titularidad y el control sobre su obra. Para eso necesitaba, que la sociedad, no interviniera en sus asuntos, y que los acuerdos realizados entre las partes fuesen respetados, es decir que la ley castigara si no se cumplían los términos establecidos.
Herbert Spencer, publicó en 1.884 el Hombre contra el Estado, allí se nos presenta un lúcido tratado para identificar al liberalismo como una rica y legítima corriente del pensamiento, si bien para esas fechas, nos encontramos en pleno auge de las sociedades por acciones. Ojo, que también algunos de sus argumentos responden a un cuestionable darwinismo social.7
Para entender mejor el auge de las sociedades por acciones a manos de las corporaciones, que tuvo lugar entre los siglos XIX y XX, recomiendo ver la primera parte del documental canadiense La corporación, estrenado el año 2003.8
Independiente de nuestra postura al respecto, la inmensa difusión del liberalismo en las últimas décadas, ha sido sin lugar a dudas un aporte cultural tremendo, puesto que han logrado difundir al gran público esta corriente desconocida, al menos para el mundo hispanoamericano, muy influido por la cultura francesa y su pensamiento, iniciándonos en una gran variedad de temas como: la ilustración escocesa, la ilustración inglesa, el empirismo, la escuela austriaca, otros.
A través de sus charlas, libros y entrevistas hemos podido acercarnos y entender mejor la otra mitad de América, por así decirlo, la angloamericana.
También es un tremendo aporte el énfasis que ponen en la economía y sus procesos -más allá si uno esté o no de acuerdo con sus postulados- pues la literatura no especializada de la izquierda y del progresismo, se enfoca más bien en los derechos y procesos sociales, sin profundizar en la teoría económica.
Por otro lado, a todas luces, el socialismo, ha bebido de otra escuela, curiosamente, también originaria de Europa Central, pero esta vez, ya no de Austria, sino de Alemania, más específicamente, de la ciudad de Frankfurt.
Allí surgió lo que conocemos como Escuela de Frankfurt, que, dado el fracaso de la revolución socialista alemana de 1918, desarrollaron la teoría crítica, enfocándose en comprender las razones psicológicas del fracaso, promoviendo una suerte de psicoanálisis de la sociedad. Así las cosas, pusieron en el centro, ya no la cuestión económica, como sí lo hizo el marxismo o la Escuela Austriaca, sino la cultural. Lo interesante es que esta escuela fue desarrollando un enfoque multidisciplinario, abarcando una multiplicidad de temas, a diferencia de la Austriaca que se fue centrando cada vez más en asuntos económicos y técnicos, despojando al liberalismo de su rica y compleja dimensión filosófica.
Es interesante constatar en este punto, que muchos, sino la gran mayoría de los fundadores y grandes representantes de ambas escuelas, no solo eran de Europa Central, sino que también judíos, laicos en su mayoría, que, bajo la amenaza inminente del nazismo, fueron acogidos en otros países, principalmente en EE. UU., donde ambas escuelas continuaron sus investigaciones.
Volvamos al liberalismo.
El liberalismo mismo, presenta al menos dos problemas de fondo.
El primero fue tratado notablemente en la siguiente crítica al liberalismo inglés:
“Toda nación que, por medio de aranceles proteccionistas y restricciones a la navegación, ha construido su poderío manufacturero y su navegación a tal grado de desarrollo que ninguna otra nación puede sostener libre competencia con ella, no puede hacer otra cosa más inteligente que arrojar lejos estas escaleras de su grandeza, predicar a otras naciones los beneficios del libre comercio y declarar con tonos de arrepentimiento que hasta ahora había deambulado por los caminos del error y que ahora, por primera vez, ha conseguido descubrir la verdad […]. El resultado de un libre comercio general no sería una república universal, sino, por el contrario, un sometimiento universal de las naciones menos avanzadas ante el predominante poder manufacturero, comercial y naval; esta es una conclusión en favor de la cual hay razones muy fuertes”.9
En este fragmento identificamos una contundente crítica al modo cómo Inglaterra pasó del mercantilismo al libre comercio. Fue escrita hace más de ciento cincuenta años por el economista alemán Friedrich List, representante de la escuela Histórica Alemana.
Bajo «Naciones menos avanzadas», podemos agrupar hoy en día al Sur Global o al Tercer Mundo, como también se le llama, según el criterio de análisis.
Si aceptamos esta crítica, estaríamos ante un nuevo framing, que lo que hace es desviar la atención de la verdadera esencia del liberalismo: una ingeniosa filosofía que encubre una ingeniosa forma de imperialismo.
El segundo problema de fondo del liberalismo es que la formación de la riqueza o del capital, dependen de la innovación y de la industria.
Y para lograrlo sus propios mercados no son suficientes, sino que deben buscar otros, más allá de sus fronteras.
Y como existe cierto número países especializados en la innovación y la industria, entonces, lo que tenemos es una competencia global por estos mercados.
Al mismo tiempo, para producir al nivel que lo hacen, requieren materias primas y combustibles fósiles, los cuales no se encuentran en la cantidad suficiente, dentro de sus propios territorios, por lo tanto, deben conseguirlo de otras naciones. 10
Así, el capitalismo, divide al mundo en dos, entre los países innovadores y altamente industrializados y los que no lo son.
El Norte Global o según el criterio, también llamado primer mundo o países desarrollados, se caracteriza tanto por la innovación como por la producción industrial (independientemente del hecho de que sus industrias hayan sido deslocalizadas o relocalizadas).
Y el Sur Global, se caracteriza por la exportación de materias primas, por el consumo de la producción internacional, y en caso de deslocalización, por la mano de obra barata.
Aquí los rankings y criterios sobre innovación e industrialización son variados y amplios.
Sin embargo, a todas luces, ambos principios son los que marcan la pauta.
Dentro de los rankings, el caso de China es bastante curioso, en general no se la encuentra en los primeros lugares de innovación. Además, se le considera una economía del Sur Global, del tercer mundo y un país en desarrollo, sin embargo y al mismo tiempo, una superpotencia.
Los liberales, basándose en estadísticas y números, prometen alcanzar el desarrollo en la medida que los incentivos sean puestos correctamente.
La verdad, desconozco un país del Sur Global, que haya ascendido al Norte Global.
Ahora, es un hecho que la apertura económica, en comparación con el aislacionismo o el proteccionismo, realmente hacen crecer la economía de los países.
Y como resultado del crecimiento, la calidad de vida mejora, si por ella entendemos asegurar la sobrevivencia.
Pero lo que observamos es que, si un país del Sur Global adopta el libre mercado, si bien el resultado será un aumento del poder adquisitivo y de la capacidad de endeudamiento, siempre estaremos ante una mejora frágil y relativa, debido a que nunca se abandona la necesaria pertenencia de esa nación en particular al Sur Global.
Ahora, esto sin profundizar en lo que entendemos por calidad de vida.
Entonces podemos constatar que la promesa liberal, se ve truncada por su imaginario original: unos deben ser gatos y otros ratones.
La consecuencia inmediata y final de este modelo socioeconómico, es que por medio de la dinámica del gato y del ratón, la humanidad está siendo conducida hacia el transhumanismo.
El tipo de progreso que empuja el Norte Global, es mediante la industria y la innovación. Ambas son necesariamente tecnológicas, pues el capital y la riqueza, solo crecen mediante la optimización.
A su vez la optimización se traduce en velocidad y cantidad.
Y ambas en ahorro de tiempo y recursos.
Así, a mayor ahorro de ambos, mayor es la acumulación de capital.
Esta es la fórmula.
Ahora, no debemos perder de vista que esta concepción de progreso, la aprenden los economistas, ingenieros y abogados, entre otras profesiones, justamente en las universidades.
Mientras tanto la ciudadanía, ignorando el funcionamiento de este engranaje, deja en manos de los especialistas y líderes de turno, las decisiones sobre su propio destino, mientras está muy ocupada, consiguiendo o conservando un puesto de trabajo. A la vez que se distrae de sus esfuerzos mediante la industria del entretenimiento, en la medida de sus posibilidades.
Competencia y optimización, son las máximas que se han ido trasladado del plano económico al moral.
Un millonario llamaba a los de su clase animales salvajes y es común encontrar la metáfora de tiburones, para dirigirse a ellos.
Los dueños del capital siguen la lógica: “Si no tomó yo la oportunidad lo hará otro”. Esta es la esencia de la competencia.
Pero no olvidemos que es la formación universitaria la que le enseña a un puñado de seres humanos, las bases teóricas para este modelo, que nos conduce a pasos agigantados a la era de los ciborgs o transhumanos.
Este es el secreto a voces del liberalismo.
Ya no hay nada ni nadie que lo detenga.
Y la ciencia, eje central de las universidades, se ha independizado a tal punto del ser humano y de las sociedades, que prácticamente se piensa y se crea a sí misma.
Su contracara es que los frutos de este modelo mantienen a los ciudadanos embobados ante sus fabulosos dispositivos digitales y alucinantes posibilidades.
Hemos llegado a un punto de no retorno en que somos incapaces de imaginarnos sin un teléfono inteligente, sin aplicaciones y redes sociales que despliegan el imaginario de un mundo completamente automatizado, donde solo hay cabida para el placer, mientras esperamos la gran redención, en la que habremos superado la pesadilla de la mortalidad.
Sin embargo, este idílico imaginario, no es más que promesa, y bien podría conducirnos a una distopía.
Aquí hago el comentario en un video.
Notas
https://www.aboutswitzerland.eda.
admin.ch/es/por-que-la-democracia-directa-de-suiza-es-tan-moderna
Eduardo Schindler, Libertad y Prosperidad, La Receta Mágica Suiza, 2021.
Eduardo Schindler, Democracia Directa, La Mejor Alternativa para un Chile Libre y Próspero, Editorial Conservadora, 2023.
Edmundo S. Hendler, Sistemas penales comparados, Ediciones Didot, 2014.
Edmundo S. Hendler, El juicio por jurados, Editores del Puerto, 2006.
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