Hola a todos, en esta ocasión, quiero hablarles sobre la vida de los jóvenes.
A modo de introducción y para acercarnos a la juventud de nuestros días, quiero, para los que no lo conocen, contarles brevemente sobre el movimiento juvenil alemán las Aves Errantes. 1
Este movimiento se desarrolló a finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX, pocas décadas después de la instauración definitiva del currículo científico-humanista.
Estos inquietos jóvenes, que posiblemente bebieron de las fuentes de los románticos, sintieron la necesidad de salir y realizar excursiones en la naturaleza, tocar instrumentos, bailar, cantar, recitar poesía y no en menor medida, filosofar.
Esta forma de pasar sus ratos libres, les permitía tomar distancia de las escuelas, de la política, de la industrialización y de la carrera armamentista de los estados nacionales, que, de la mano de los nacionalismos, conducirían poco tiempo después a las horrorosas guerras mundiales.
Es posible entender este fenómeno, como un intento espontáneo de dar respuesta a la natural e inevitable necesidad de cultivar las otras inteligencias.
Estas otras inteligencias fueron identificadas, a modo de bosquejo, por el psicólogo y profesor de la universidad de Harvard, Howard Gardner. 2
La lista está formada por la inteligencia lógicomatemática, la lingüístico-verbal, las inteligencias personales, que incluyen la interpersonal y la intrapersonal, la inteligencia espacial (donde la visión juega un rol central), la cinestésicorporal y la musical.
Con el tiempo Gardner agregó la inteligencia naturalista, y propuso en algunos contextos, aunque no siguió desarrollando, la existencial, que es la filosófica y luego también la docente-pedagógica. De tal modo que profundizó ocho, pero propuso en total diez.3
Ahora, como en todo, a las Aves Errantes, no hay que idealizarlas, pues si bien sus miembros compartían una inquietud existencial común, poco a poco fueron despuntando antagonismos en el propio seno del movimiento.
Uno de los más notables fue que, una vez que estalla la primera guerra mundial, el movimiento se dividió entre pacifistas y belicistas.
No obstante, para los nazis, las Aves Errantes, sin importar sus diferencias internas, eran una amenaza, pues eran todo menos totalitaristas, sino autónomas, libres y espontáneas. O sea, una pesadilla para Hitler.
Salvo las agrupaciones juveniles que pertenecían a las iglesias, los nazis censuraron todo movimiento juvenil de aquel entonces, y promovieron en su lugar única y exclusivamente a las juventudes hitlerianas.
Pero, uno se puede preguntar, ¿por qué, tan pronto los jóvenes se reúnen, siempre acuden al resto de las inteligencias?
El resto de las inteligencias, son las que en el currículo mínimo obligatorio gozan de menos horas pedagógicas, y menos prestigio o importancia, por así decirlo. En la gran mayoría de los casos, sirven para subir el promedio, pero su nivel de desarrollo y profundidad permanece pobre y superficial.
Dentro de todas las inteligencias, la lógicomatemática, ejerce la supremacía sobre las demás. Se nos ha hecho creer que la lingüístico-verbal también, pero lo cierto es que está última vive a la sombra de la primera, sobreviviendo a duras penas y llevando una vida triste y gris.
Basta observar cómo utilizamos el lenguaje, cómo dialogamos unos con otros, como nos relacionamos con la palabra hablada, con la palabra escrita, nuestra relación con la lectura, con la escritura, nuestra comprensión de lo que leemos y escuchamos, en fin, el cultivo de nuestra imaginación, de nuestra empatía, de ponernos en los zapatos ajenos, de imaginar otros mundos posibles, entre tantas otras habilidades que se desarrollan justamente a través del cultivo de la palabra.
Pero no, toda nuestra cultura y vida profesional, que es el estrato social que diseña y forma al mundo tal como lo conocemos, está teñida única y exclusivamente por la inteligencia lógicomatemática, vayamos al campo que sea, todo se enfoca y enfrenta a partir de ahí.
Sus frutos son el utilitarismo, el positivismo y la racionalización de la producción industrial, en suma, la tecnología, que nos conduce con paso firme hacia el transhumanismo.
Así es el mundo de hoy, con sus luces y sombras.
En este contexto, podemos ir aún más lejos y lamentarnos del hecho que después de un siglo, el impacto del currículo científico-humanista es tan potente, que los jóvenes en lugar de salir a la naturaleza, necesitan estímulos aún mucho más fuertes y artificiales, para soportar esta unilateralidad.
De tal modo que, en sus tiempos libres, en lugar de realizar excursiones a la naturaleza, montar campamentos, encender fogatas, recitar y escribir poesía, tocar tambores, guitarras y flautas, bailar en rondas, y tener conversaciones apasionantes e iluminadoras -todo lo anterior, lo más lejos posible de las ciudades, sus fábricas y relojes-, los jóvenes de hoy, cien años más tarde, se sienten atraídos más bien por la noche urbana, las bolas de espejos, las luces de colores: láser y estroboscópicas, las máquinas de humo, la música a todo volumen y los subwoofers que hacen vibrar cada una de las células del cuerpo. A la vez que ellos se visten y maquillan de maneras pintorescas según las modas de turno, gritando y expresándose con todo tipo de muecas y gestos para poder entablar algún tipo de conversación por sobre el sonido ambiente.
¡Vaya contraste!
Si las Aves Errantes huían de las ciudades, las fábricas y los relojes, la juventud actual, se siente atraída por su versión lúdica, esto es lo que los intelectuales han bautizado como la industria del entretenimiento.
La discoteca es una pequeña ciudad, una industria productora de estímulos y sensaciones, así como un reloj, donde una música diseñada para bailar y sacudir los cuerpos con un ritmo mecánico, marcan el tic tac de una noche desenfrenada, hasta que horas más tarde, los jóevenes agotados o aburridos de tanto ajetreo, posiblemente sentados en la acera, encendiendo un cigarro, se preparan para ir a dormir.
Loa pubs y bares que giran alrededor de ellas, son versiones más matizadas de lo mismo, donde no tanto el cuerpo, sino la conversación está en el centro.
La vida nocturna tiene códigos, donde no es bienvenido aquel que tenga una mirada inquisidora.
Allí, todo juez o moralista es lanzado por la ventana.
Si no estás dispuesto a liberarte de todo pudor y formalidad, no eres bienvenido.
Si no te desconectas, eres un vigilante.
En las discotecas y sus entornos los jóvenes pasan muchísimas horas de sus vidas, teniendo experiencias variopintas que raramente llegan a oídos del mundo adulto.
Se trata de un mundo oculto para a sociedad, mientras los adultos duermen y están ocupados en pagar las cuentas.
Los jóvenes llevan realmente una doble vida.
Junto con lo anterior, durante esta vida encubierta a los ojos del mundo adulto, sacuden sus lenguas y cuerpos y si la ocasión lo amerita, ingieren también fabulosas sustancias que modifican su percepción, volviéndolos, según el tipo: más sensuales, lúdicos, extrovertidos, imaginativos, relajados, observadores, desinhibidos, lúcidos, elocuentes u osados.
Todo un menú de pociones y polvos mágicos para servirnos según el bolsillo y los antojos de turno, pues al menos una vez en la vida, salvo contadísimas excepciones, creo yo, todos hemos degustado alguno estos variopintos brebajes.
Es interesante en este punto no solo contrastar este mundo con el de las Aves Errantes sino también con el de las catedrales medievales y sus escuelas catedralicias, como la de Chartres, a las cuales se dirigían jóvenes de toda Europa, pero donde en lugar de coloridas luces artificiales, había vitrales y rosetones. En lugar de la fuerte música y frenéticos movimientos, el silencio y ademanes calmos, que les inducían a la contemplación. En lugar de pociones mágicas, las siete artes liberales, la astrología y los laberintos.
Ahí, nuevamente estamos ante un abismal contraste.
No obstante, estos tres escenarios: la Naturaleza de las Aves Errantes, las discotecas de la juventud moderna y las escuelas catedralicias de la Edad Media, tienen en común, que los jóvenes se agrupan en torno a un mismo fin.
Lo que atemoriza del mundo nocturno urbano actual es que expone a los jóvenes a muchísimos peligros, de toda índole. Es como si hubiese en ellos, una necesidad imperiosa de rondar el peligro, de pararse al borde del abismo.
La pregunta de fondo es si esta vida nocturna surge desde el libre albedrío o más bien es impulsada por el inconsciente que busca balancear las fuerzas psicológicas. En este último caso, estaríamos ante una reacción al modo y estilo de vida que el mundo adulto les empuja a llevar.
Observemos lo que ocurre cuando NO les damos permiso para salir el fin de semana.
Rompemos la dinámica y provocamos una crisis.
¿Quién se hace cargo de esta dinámica? ¿Quién la diseña? ¿Quién es el responsable? ¿La familia?
En el sur global, es difícil responsabilizarla, porque su vida consiste en romperse el lomo trabajando, y su tiempo libre no le da más tiempo que para compensar la alienación que les produce su vida laboral.
En el primer mundo, esto cambia bastante, porque la responsabilidad no recae solo en las familias, sino que también en el estado y en la riqueza de la nación, lo cual le permite a los jóvenes tener un mayor rango de acción a la hora de realizar sus propios proyectos de vida, de tal manera que al final del día, los responsables de sus triunfos y fracasos son ellos mismos.
Pero esto no es así en el sur global.
Por eso, aquí, el descontento y la indignación social, se acumulan, y estallan de vez en cuando, con matices distintos a los del Norte Global.
Los jóvenes del Norte Global demandan mantener y mejorar su rango de acción.
Los del Sur Global, alcanzar al menos un mínimo. Es decir, se sienten por debajo del mismo, atados a la sobrevivencia, inseguros e impotentes ante el futuro.
Y en el mundo globalizado, mediante el acceso absoluto a la información a través del internet, no hace más que incrementar esta insatisfacción.
¿Por qué ellos sí y yo no?, se preguntan.
Así, estas tensiones se agudizan aún más en países en desarrollo debido a la acentuada estratificación social, quedando los jóvenes abandonados a la suerte de sus familias, aumentando el grado de complejidad en las reconstituidas, así como en las disfuncionales.
Entonces el jóven, sin importar la clase social a la que pertenece, queda atrapado dentro de estas condiciones sin una sociedad que le brinde oportunidades y fomente su autorrealización.
El rango de acción, al que me refiero, podríamos caracterizarlo como la libertad de acción, la libertad de elección, la libertad de expresión, pero también la libertad de decir que no.
Y esta última es fundamental, pues la libertad es una ilusión, sin la posibilidad de decir que no.
Y si esta última acepción de la libertad no existe, el ser humano, tarde o temprano se la apropia, por las buenas o por las malas, como amigo o enemigo, de manera fácil o difícil, pues todo ser humano es un ser inteligente.
Inteligente en el sentido aristotélico, En-tel-éxeia, que quiere decir aquello que contiene el fin en sí mismo. 4
Los predicadores de la libertad, los liberales, tienden a olvidar la libertad de decir que no, reduciéndola a las otras tres, con un fuerte énfasis en la libertad de elección.
Sin embargo, la dinámica tanto en los jóvenes del Norte Global como en los del Sur Global tiene elementos similares: de un lado la escuela y las universidades y del otro la vida nocturna con sus discotecas.
Vuelvo a la pregunta inicial: ¿Por qué cuando se reúnen los jóvenes, recurren siempre al resto de las inteligencias?
Si volvemos a las Aves Errantes, vemos que la inteligencia existencial que esbozó Gardner, la filosófica, sí se hace parte, junto a todas las demás.
También la lógicomatemática, ya no separada, sino que, desplegada en la vida práctica, pues no hay planificación que no requiera pensamiento matemático. Además, como afirmó Pitágoras: “[…] los elementos de los números eran los elementos de todas las cosas existentes, y que todo el cielo era armonía y número”. 4
Por otra parte, la inteligencia lingüístico-verbal, se desenvuelve con naturalidad de manera ligera y encantadora, como una mariposa liberada de la crisálida, permitiendo que el animismo y el antropomorfismo, esencias de toda metáfora, regresen de su destierro, al para reunirse con las demás inteligencias.
La crisálida es solo en apariencia, sarcófago, en realidad es preparación para una nueva forma de existencia.
Y la palabra, lo propiamente humano, despliega así nuevamente sus alas.
La inteligencia lógicomatemática unilateral, nos arrastra a revoluciones tecnológicas, en lugar de evoluciones tecnológicas.
Las revoluciones tecnológicas, siguen la lógica de que la tecnología es un fin en sí mismo.
Mientras que, en las evoluciones tecnológicas, no es un fin, sino un medio.
Según nuestro trato, será amenaza o instrumento.
Y esta incertidumbre, es reflejo de la pobreza de nuestra fantasía.
Fantasía que permanece a su vez estéril, debido justamente a la supremacía de un único tipo de inteligencia.
Estamos ante un círculo vicioso.
Donde podemos dejarnos arrastrar en él o dar un paso al costado.
La decisión es de cada uno de nosotros.
Y esto es interesante, la inteligencia lógicomatemática, se vuelve gris, muerta y abstracta, no por sí misma, sino porque hubo un momento en la historia, donde nosotros la separamos de las demás.
Pero si le permitimos reunirse otra vez con sus congéneres, retorna al origen del que fue escindida, a la filosofía, al amor a la sabiduría.
La matemática y la lógica, pertenecen, y siempre pertenecieron, desde sus orígenes a ella.
Dicho en simple, se trata del arte de pensar por nosotros mismos.
La consecuencia de esta omisión es la irresponsabilidad, fundamento moral de nuestra sociedad moderna: “Yo no sabía” o “Hice lo que me mandaron”.
El ciudadano, se vuelve incapaz de asumir su responsabilidad, de dar respuesta a sus dichos y actos, atrapado y empujado por engranajes sociales desde el momento de nacer hasta el final de sus días.
¿Cómo puedo ser responsable de mis actos si no puede pensarlos, de principio a fin por mí mismo, abarcando la totalidad del proceso, diciendo que no, cuando un eslabón no se sostiene ante mi razón, ante mi conciencia?
La división del trabajo, en el ámbito ético, es un arma de doble filo.
Pues la realidad humana es que, si no pienso por mí mismo, otros lo hacen por mí.
Y ¿quién es ese otro? ¿Quién le da esa facultad?
Así las cosas, dentro del estatus quo, mi existencia es títere de dinámicas que no se sostienen ante la razón.
En las Aves Errantes, lo que el currículo busca conseguir, es llevado a cabo de manera auténtica y espontánea, pues el interés y la motivación son el fuego que enciende a la voluntad.
Así se cumple el anhelo -en las universidades enarbolado, en la vida laboral frustrado- de todo pedagogo: los aprendizajes pasan a la memoria de largo plazo y son necesariamente significativos.
¡¿Y no es el entusiasmo, la sustancia misma de la que están hechos los niños y jóvenes?!
Entusiasmo es una forma de amor, si bien es cierto que tiene capas aún más profundas.
Por lo tanto, la filosofía, la madre de la ciencia, de la ciencia contemporánea, renace, irrumpe nuevamente, en el seno de la juventud, ya sea a manos de las Aves Errantes, pero ojo, también de la mano de la vida urbana nocturna y de los teléfonos inteligentes.
Todas ellas persiguen el mismo fin, mediante caminos distintos.
Las Aves Errantes y la actual vida nocturna tienen en común, que los adolescentes y jóvenes buscan experiencias propias, no mediadas por terceros, ni teorías grises.
Lo que podemos identificar en ambos caminos, es un auténtico impulso hacia una filosofía vitalista, basada en la experiencia, incorporando tanto al cuerpo como a las sensaciones.
Si la palabra viva muere, muere el hombre.
Sin alma, la civilización es solo careta. Ocultando la crueldad de su barbarie.
¿Y no seguimos justamente caminando sobre una cuerda entre lo bárbaro y lo virtuoso?
Una filosofía vitalista es aquella que no separa, no compartimenta, no divide entre filosofía, arte y naturaleza, sino que ve en ellas manifestaciones de uno y lo mismo.
Tampoco construye trincheras entre las inteligencias.
Sino que es un camino posible para atravesar la evolución dejando atrás el descontento y la indignación social para dar paso a la paz, el amor y la libertad.
Aquí hago el comentario en un video.
Notas
Howard Gardner, Estructuras de la Mente. La teoría de las inteligencias múltiples, trad. Sergio Fernández Everest, Fondo de Cultura Económica, 2017.
Howard Gardner, Inteligencias múltiples. La teoría en la práctica, trad. María Teresa Melero Nogués, Editorial Paidós, 1998.
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