Hola a todos, en este episodio quiero hablarles sobre la moral liberal.
Los dueños del capital, es decir, los verdaderos beneficiarios del liberalismo, llevan un estilo de vida apartado de la era digital, permanecen, por así decirlo, al costado de la misma, conservando para sí y los suyos, un estilo de vida no digital, que también podemos llamar, según el punto de vista: natural, análogo o real.
Pensemos en sus mansiones alejadas de los espacios urbanos o derechamente en medio de la naturaleza.
Para ellos la revolución digital y el progreso son acontecimientos que transcurren fuera de sus vidas privadas, por así decirlo, fuera del círculo íntimo familiar, algo así como de la puerta para afuera.
La era digital es parte de su vida externa, hacen uso de ella en áreas puntuales y específicas como el transporte, la comunicación, los negocios y la salud.
Pero en su vida íntima y privada, conservan un estilo de vida premoderno, por así decirlo.
Su infancia no tuvo lugar en departamentos, rodeados de cemento y televisiones a todo volumen, dispositivos electrónicos y juegos de video, sino en casas con jardines, siempre cerca de la naturaleza. A la vez que siendo pequeños les leían cuentos de hadas y narraciones tradicionales. Escuchaban música popular, pero también clásica. Y desde siempre asistieron a conciertos y a óperas.
Y si eran descendientes de colonos, su referente era su madre patria, de tal modo que, de tanto en tanto, viajaban al primer mundo, visitaban museos clásicos y modernos, recorrían cascos históricos y vivenciaban en primera persona los frutos de la modernidad, la tecnología y sus imponentes rascacielos. Aprendieron así a admirar tanto la alta cultura como el progreso. El Norte global era el gran referente a seguir, pues siempre lo compararon con el precario Sur Global.
Los descendientes de colonos, que lograron amasar fortunas, pudieron estudiar pregrados y posgrados en las universidades del Norte Global, donde sin lugar a dudas su aspecto, modales, manejo de idiomas y apellidos, les fueron muy favorables, una suerte de patitos feos que encontraron allí una bandada de cisnes.
Lo que me interesa resaltar es que sus experiencias son muy distintas a las de la gran mayoría de los ciudadanos del mundo, sobre todo a las del Sur Global.
Por lo tanto, ellos, al día de hoy, y esto no cambiará, siguen viviendo en el mundo no digital, en sus mansiones, alejadas del ajetreo urbano, alternándolas con sus segundas, terceras o más residencias, ubicadas junto a lagos, bosques, playas o montañas.
Mientras tanto, mediante su vida exterior, su actividad laboral, ofrecen a la sociedad bienes y servicios que le conducen a un mundo bien distinto: al transhumanismo. Un mundo, del cual ellos no forman parte, ni les interesa formar, pues conocen y aprecian el valor de su propio estilo de vida. Saben que ni el mejor de los mundos transhumanos, podrá superar a la naturaleza.
Este es su secreto.
Por eso, a diferencia de la gran mayoría de la humanidad, para ellos, la tecnología digital no es fin en sí mismo, sino solo un medio.
Estos bienes y servicios, les proveen el capital para desplegar estas vidas secretas, no publicadas en redes sociales, mientras la gran mayoría de la población mundial, permanece absorbida en la industria del entretenimiento superficial y desechable, que le permite soportar una existencia como engranaje de la colosal maquinaria de la modernidad, con sus coloridas luces artificiales, anuncios publicitarios, y los largos traslados al interior de las metrópolis, a la vez que sus sentidos y manos permanecen pegados a artefactos digitales: botones y pantallas táctiles para los dedos y manos, micrófonos para la boca, audífonos para los oídos, y posiblemente muy pronto, gafas de realidad virtual para los ojos, donde finalmente pasarán a vivir en forma de avatares, dentro del metaverso.
Para completar estas caracterizaciones, busquen en internet los pasatiempos y hobbies de los jóvenes liberales del Sur Global, así como sus historias de infancia.
Verán, que muchos de ellos, sino todos, en paralelo a su labor de promoción y defensa del libre mercado: lanzan discos de música, se desempeñan como DJs en fiestas, publican libros de fantasía, tocan en bandas de música, hacen equitación, practican el esquí, en fin.
Como afirmé, para ellos, a diferencia de los asalariados, el mundo digital no es fin en sí mismo, sino medio. La era digital, no es promesa de liberación como para la gran mayoría. Ellos ya se sienten liberados, y lo que buscan es seguir siéndolo.
Pero la pregunta de fondo es: ¿Qué tan libres son?
Su vida transcurre en una realidad paralela, la diseñan de tal manera para que siempre esté alejada de la muchedumbre, de las masas. En otra escala, el mismo patrón lo encontramos en los países desarrollados respecto a los países en desarrollo.
Se trata del juego del gato y del ratón.
Estamos siempre ante el mismo patrón.
A los dueños del capital, se les ha llamado clásicamente, burguesía. Y los que antes eran el proletariado, hoy se les puede llamar, asalariados, empleados o simplemente masas.
Lo que les distingue, si bien se refleja externamente en su poder adquisitivo, se encuentra más bien en una dimensión aún más profunda, en el abismo entre ambas experiencias de vida.
Esto es lo central y lo que se nos escapa una y otra vez en los debates sociales.
Son tan distintas ambas experiencias, que, si sentamos en una misma mesa a sus representantes, no tendrían nada de qué hablar, pues no tienen nada en común.
En este punto, debemos hacer una diferencia entre el plano moral y el económico.
En el plano moral o sociocultural, podemos hablar de dos variantes, la conservadora y la liberal.
Es decir, ambos son liberales en lo económico, pero difieren en lo moral.
El conservadurismo en su estado puro, tanto en lo moral como en lo económico, es vástago de la aristocracia, ella es su referente e ideal. Con nostalgia dirigen la mirada hacia un pasado esplendoroso que ya no existe y que históricamente fue superado por la burguesía.
En el plano político, el liberalismo y el conservadurismo, son platos de un mismo menú: la derecha.
Sin embargo, según la coyuntura, los liberales pueden movilizarse hacia el centro, moderándose, en la así llamada centro derecha y los conservadores, alejándose de él, radicalizándose, en la así llamada ultraderecha.
En esta última, el aspecto moral pesa más que el económico, abrazando o quizás, mejor dicho, admitiendo un aparentemente superado nacionalismo a ultranza que fomenta un proteccionismo económico.
Mientras tanto, la ciudadanía, las masas, ocupadas en la sobrevivencia, son apenas capaces de seguirle la pista a este juego camaleónico.
Por eso es que liberales y conservadores, no dudan en formar alianzas, pues ambos defienden, al fin y al cabo, los mismos intereses: no perder su condición de dueños del capital.
Ahora, para la vida universitaria, lo cierto es que el joven liberal tendrá experiencias más sensuales que el conservador.
A su vez el conservador tendrá menos distracciones.
El joven liberal, mediante una moral más distendida podrá adaptarse a las modas de turno, tomar distancia respecto a sus padres, atravesar una suerte de rebeldía, pero sin sublevarse del todo.
Así, al final del día, podrá optar entre dedicarse a sus propios negocios u ocuparse de los familiares.
Esa es la gran gracia de un liberal, tomar lo mejor de ambos mundos, del sensual y del económico.
Mientras que el conservador tiende más bien hacia una vida libre de lo sensual, es decir, más contemplativa, que busca acercarse incluso, en algunos casos, a la santidad.
En el fondo, al contrario de la caperucita roja, permanece fiel a la palabra dada a su madre, y no se deja distraer ante las tentaciones del lobo.
El liberalismo les entrega un marco teórico, tanto a liberales como conservadores, para que, en el plano político, puedan dar un paso al costado de polémicos hechos históricos en los cuales su concepción de la naturaleza y del ser humano ha sido protagonista tales como: el colonialismo, enfrentamientos contra movimientos sociales, dictaduras militares y destrucción de la naturaleza.
Así el joven liberal encontró, según el caso, una llave, un traje o un disfraz, para lidiar tanto con la sensualidad como con la responsabilidad histórica, y de esta manera despejar el camino para alcanzar sus fines y propósitos.
En este punto, el límite entre sensatez y oportunismo es fangoso.
Si bien públicamente, se llaman a sí mismos liberales, en su vida privada y laboral, se mezclan y entremezclan con los conservadores.
Así las cosas, la individuación del liberal, en el sentido junguiano, es incompleta, pues nunca abandonan del todo el modo y estilo de vida familiar.
Jung dice sobre el proceso de individuación: […] significa llegar a ser un individuo y, en cuanto a individualidad entendemos nuestra peculiaridad más interna, última e incomparable, llegar a ser uno Mismo. Por ello se podría traducir «individuación» también por «mismación» o «autorrealización».1
Por todas estas razones, podemos concluir que el liberalismo, si bien en su discurso, pone en el centro al individuo, en la práctica promueve más bien el familismo.
Y esto se debe a su estructura mental.
Nunca abandonaron del todo el pragmatismo.
Si bien se pueden revelar ante su familia en lo moral, no lo hacen en lo económico.
No están dispuestos a dejar de ser gatos.
Por esta razón en las universidades siguen carreras que promueven el cálculo y el pensamiento cuantitativo.
En el caso de los arribistas, ocurre lo mismo, solo que no siguen el principio del realismo, sino que el de la imitación como los monos bailarines de la fábula de Esopo.
Estos artistas de la mímica, construyen un personaje rigurosamente estudiado para abandonar todo ademán que levante alguna sospecha respecto de su verdadera condición, hasta que le lanzas una nuez, y en cuestión de segundos abandonan su pretendida compostura.
Pero para el liberal, el drama es otro, si bien sus corazones anhelan la individuación, no la llevan a cabo.
Para hacerlo es necesario saltar al vacío, perderse a sí mismos, sin garantía, sin salvavidas alguno.
El fantasma de pasar a la clase de los empleados, es para ellos más fuerte que su deseo de ser individuos auténticos.
Por eso, a final del día, sus sueños y pasiones, son relegados a la esfera de sus hobbies y pasatiempos.
Y en lugar de ser artistas, se vuelven comerciantes de arte, por dar un ejemplo. Y es posible que en sus casas cuelguen cuadros con motivos progresistas, no porque hayan cambiado de bando, sino por su valor comercial.
Este fenómeno es más acentuado en los países en desarrollo, puesto que, en los desarrollados, no es necesario destacar tanto en un área en particular, para sobrevivir y llevar una vida más o menos digna. Hay más gradualidad, un mayor campo de acción, por así decirlo. Por lo tanto, las ovejas negras, se encuentran con menos obstáculos y el sueño americano o el Self-Made Man sí puede tener lugar.
La razón de fondo es que son justamente los países desarrollados los que fomentan la gran industria del entretenimiento, que sigue la misma lógica de la industria y de la innovación.
De tal modo que los jóvenes que pertenecen a familias dueñas del capital en los países en desarrollo, no se arriesgan a seguir sus sueños.
No dan el salto, pues el fantasma de la pobreza, de la burla y de la humillación de sus pares, les ataja.
Por eso son reclutados por fundaciones y partidos políticos para sacar provecho de sus talentos comunicacionales y así difundir y defender las ideas de la libertad.
Entonces sus frentes de ataque son la clase política y los artistas nacionales o internacionales, que reciben fondos públicos, directa o indirectamente, pues hacen uso del capital que pertenece a todos los ciudadanos de un mismo país.
Sabemos que, por ejemplo, para los liberales radicales, los impuestos son en realidad un robo a los ciudadanos, basado en el monopolio de la fuerza.
Por lo mismo, en esa misma línea, consideran que las contribuciones, son una doble tributación, por lo tanto, un doble robo, por así decirlo, ya que mediante el IVA se pagó la vivienda y ya fueron pagados lo impuestos por los ingresos con los cuales ésta se pagó. Entonces, para ellos, la propiedad adquirida, es en realidad un arriendo al estado.
De esta manera proyectan su propia resignación y frustración hacia la clase política y los artistas que se benefician de ella, siguiendo la lógica: “Yo tomé una decisión racional, no permitiré que otros lo hagan a costa de terceros, es decir, haciendo trampa”.
Podríamos imaginar que de manera similar opinan para sus adentros sobre los estallidos y manifestaciones sociales: “Si ustedes se permitieron soñar y fracasaron, tomaron decisiones irracionales, no consideraron si podían ganarse la vida con las notas que sacaron en el colegio o con las carreras que estudiaron, entonces no nos pasen la cuenta a nosotros. No aceptamos que paralicen el país, menos que lo destruyan, por algo de lo que solo ustedes son responsables”.
Si bien un conservador, condena estos hechos basándose en argumentos inspirados en la tradición y las sagradas escrituras, ambos concluyen que el uso de la fuerza es la única respuesta.
Es aquí donde podemos ver que por un lado protestan contra el monopolio de la fuerza, pero por otro, apelan a su uso.
La cuestión del estado y del monopolio del uso de la fuerza en este punto, se asemeja al Anillo del Señor de los Anillos, donde si bien se quejan de su existencia, no pueden vivir sin él. No están dispuestos a lanzarlo a los fuegos del abismo de Orodruin, el Monte del Destino: -¡Tessoro, tessoro, tessoro! -gritaba Gollum-. ¡Mi tesoro! ¡Oh mi Tessoro! -Y entonces, mientras alzaba los ojos para deleitarse en el botín, dio un paso de más, se tambaleó un instante en el borde, y cayó, con un alarido. Desde los abismos llegó un último lamento ¡Tessoro! Y Gollum desapareció. 2
Sin embargo, si miramos el cuadro completo, los que apuntan con el dedo, se paran tan poco sobre sus propios pies como los apuntados.
Unos se apoyan en sus familias, fundaciones y partidos políticos financiados mediante inversiones y donaciones privadas y los otros en los dineros recaudados por el estado.
A esto se le llama, sacarse la suerte entre gitanos.
Lo cierto es que nadie se libera, tampoco el gato, pues no subsiste sin el Ratón.
Bien aquí nos sumergimos lo que vive bajo la superficie. El liberal, en general, solo se realiza a sí mismo en su tiempo libre. Su trabajo, como vimos, es medio, no fin en sí mismo.
En este sentido, él y el asalariado son similares.
Para ambos, el trabajo es medio. Pues ni el empleador, ni el empleado se autorrealizan en sus trabajos. La diferencia entre ambos es que el liberal se esfuerza por conservar el familismo, mientras que el empleado busca sobrevivir, y asegurar la sobrevivencia.
La finalidad de sus vidas, no es la individuación o autorrealización, sino la generación y acumulación del capital. De tal modo que padecen, lo que podemos llamar el complejo de Ricardo Tercero.
Por eso, a sus portavoces, los liberales, se les ve blandiendo sus lenguas en discusiones acaloradas y altisonantes, a menudo patéticas y bravuconas, en cientos de miles de videos que encontramos en internet.
En el discurso, el liberal celebra el emprendimiento, la iniciativa y la innovación.
Pero en los países en desarrollo, sus obras no son auténticas ni genuinas. Allí se entiende por emprendimiento la imitación de las innovaciones de los países desarrollados.
Su imaginación es tan pobre que no pueden hacer otra cosa.
Emprender para ellos, es tomar prestadas ideas del norte global para reproducirlas en el sur global.
Así fue como dieron forma a sus colonias, según lo aprendido en sus familias, escuelas y universidades.
Y ojo con esto, tomar prestadas ideas es una forma de robo.
La moral liberal, es muy curiosa.
En rigor no son emprendedores, en el sentido de Adam Smith,3 sino que, desarrollaron en sus familias, escuelas y universidades el olfato y la técnica para la inversión, apoyados en el familismo, las redes y el poder de inversión.
Mientras no se atente contra la ley, les da lo mismo el tipo mercancía, su foco es la ganancia.
Sin embargo, lo real es que detrás de este modelo, tenemos historias humanas y un complejo tejido de decisiones.
Cuando un joven nace en una familia dueña del capital y se resiste ante la individuación, pasa a ser automáticamente una extensión del pionero que dentro de su linaje comenzó a amasar fortuna.
Por múltiples razones: guerras, invasiones, expropiaciones, es posible que este legado haya sido interrumpido o boicoteado, por razones justificadas o no justificadas.
Estos cambios de las condiciones o reglas del juego, es una de los peores tormentos por los que puede atravesar un ser humano.
Un amigo alemán me contó que tenía un tío dueño de un taller mecánico en Berlín oriental y que cuando cayó el muro, su emprendimiento, de toda una vida, no pudo subsistir, entonces se quitó la vida. En aquel entonces hubo muchos casos similares. Para estudiar el impacto psicológico que significó la caída del muro, recomiendo traducir del alemán al español el libro El atascamiento de los sentimientos, escrito por el psiquiatra Hans-Joachim Maaz, que analiza el shock que significó para los alemanes orientales este colosal cambio de las reglas del juego.4
Otro ejemplo que podemos nombrar fue la inflación alemana entre guerras, descrito por Eric D. Weitz en su libro la Alemania de Weimer: El grado de tensión nerviosa entre la población era incalificable, las largas colas durante horas para conseguir comida, cobrar el sueldo o el subsidio de desempleo […] todo contribuía a socavar la moral de los alemanes. […] Los dueños de casas, que alquilaban habitaciones o viviendas, al igual que los inquilinos, veían como la inflación se comía sus ingresos. Los que habían reunido algunos ahorros […] observaban cómo aquel dinero que tanto les había costado reunir se quedaba en nada. 5
Estos estremecedores y gigantescos cambios en las reglas del juego, donde se pasó de la paz a la primera guerra y de la guerra a la fracasada república de Weimer, condujeron a Alemania finalmente al nacionalsocialismo y a la posterior división del país en dos distintos, durante más de cuatro décadas, siendo atravesado por la cortina de hierro.
Ante estos abruptos cambios, el ser humano siente que el esfuerzo, el sudor y las lágrimas vertidas fueron en vano.
Así el resentimiento y la ira van ganando terreno generación tras generación y basta una chispa para encender la hoguera del derramamiento de la sangre.
Entonces, cada uno de nosotros, por obra del destino, nos paramos de uno u otro lado de los acontecimientos.
Frente al Norte Global, el Sur Global; a los colonos, los colonizados; a los dueños del capital, los movimientos sociales.
Como individuos necesitamos responder por nuestros actos, ante nosotros mismos, ante nuestros seres queridos, pero también ante nuestros contrincantes.
Para eso necesitamos que nuestras vidas y actos se desenvuelvan dentro de marcos coherentes y consecuentes.
Solo así podemos adquirir fortaleza, conservar nuestra entereza y nuestro rumbo, sin que las penas y las alegrías nos desborden.
Las historias familiares sobre nuestros orígenes y antepasados, contadas durante tantas veladas, tienen raíces profundas. En ellas palpita consuelo y esperanza.
Estas narraciones, no se pueden modificar a voluntad, sino que constituyen nuestro propio tejido psicológico.
Son lo que entendemos por hogar, por pertenencia, por raíces, por origen.
Desconsiderar esta dimensión, es promover la venganza de sangre.
Lo delicado, y lo que imagino, que ustedes estarán pensando, es que esto vale para ambos lados.
Miren, donde miren, este es el origen de la tragedia actual de la humanidad. En este sentido, llevamos más de dos siglos sin resolver la gran paradoja de la modernidad, que consiste en: si es o no posible la conciliación entre libertad, igualdad y fraternidad.
Si no tomamos en serio esta pregunta, sino ponemos allí todos nuestros esfuerzos, las fuerzas de la historia la responderán por nosotros, a su modo y en sus términos.
Aquí hago el comentario en un video.
Notas
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