Stanley Kubrick

 

Podríamos estar horas hablando de Kubrick.

Un rasgo particular de su obra es que basó muchas de sus películas en novelas. Es decir, dedicaba su tiempo al guion y a la puesta en escena, pero no a crear una historia desde cero.

En este sentido fue muy pragmático.

Y lo que logró fue maravilloso. Conforme su obra maduraba, cada una de sus películas fue única, tanto en su estilo, como en su género, así como en la tecnología que utilizaba.

Podríamos seguir diciendo eternamente cosas sobre este colosal cineasta.

Quizás lo más importante es que logró, paso a paso, a lo largo de su carrera, hacer cine de autor, de tal modo que no había nada en sus películas, que no respondiera a su autoría.


Lo opuesto al cine de autor, es el sistema de estudios, en donde el director es contratado para desplegar su creatividad dentro de un marco definido de antemano por el estudio.

Grades películas han sido realizadas mediante un sistema u otro, pero llegar a ser un director independiente, y lograr mantenerte en el tiempo, es un desafío aún mayor. Esto se debe a las inmensas cantidades de dinero que se requieren para financiarlas.

El cine de autor se popularizó en los años sesenta y setenta. Pero dejó de ser común, porque si bien de tanto en tanto producía algún éxito comercial, se trataba en su mayoría de fracasos y pérdidas económicas.

En ese sentido, el sistema de estudios es muchísimo más seguro.

Curiosamente, y quizás parte del mismo fenómeno, es que Kubrick, no dio muchas entrevistas. Esta es para mí una de sus grandes gracias, uno podría interpretar esto como diciéndole a su época: «Todo lo que tengo que decir, lo digo a través de mi obra y el resto se lo dejo al público y a los críticos, quiero vivir mi vida personal tranquilo, lejos de las luces».

Y lo logró.

Kubrick, estuvo en el centro de la industria del cine, fue reconocido como él más grande, pero su vida personal transcurría en la periferia, como un verdadero artista renacentista centrado en su obra.


Sobre sus películas podemos decir que -luego de haberlas visto en reiteradas ocasiones a través de los años- uno queda con la impresión de que prácticamente no repitió ningún género, sino que los indagó todos, o casi todos: humor, amor, violencia, terror, ciencia ficción…

Los seguidores de Kubrick saben a lo que me refiero, y se imaginarán con cada una de estos conceptos una película en particular.

Algo similar sucede con Shakespeare. Sin embargo, Kubrick, fue un creador de nuestro tiempo, que dio a luz versiones contemporáneas de los motivos humanos, demasiado humanos.


Y esto es para mí lo trascendental, que, a pesar de la diversidad de géneros y tramas, todas tienen un elemento común en su dramaturgia: en todas ellas hay una escena, no dos, sino una, alrededor de la cual gira todo lo demás.

No me refiero a las escenas más interesantes o a las más espectaculares, pues cada película tiene múltiples.

Sino a un eje dramatúrgico, una síntesis, un punto donde la crisálida se transforma en mariposa, y se abren nuevas dimensiones de interpretación, tanto hacia adelante como hacia atrás a lo largo de la película.

Y por lo que he ido investigando y entendiendo, a lo largo del tiempo, es que en general, este centro, era creado por él junto con los guionistas con los que colaboraba.

Es decir: no eran necesariamente parte de las novelas.

Por lo tanto, sí, Kubrick fue también un dramaturgo. Uno que no utilizaba su tiempo en describir todo el universo de la historia -esta tarea se la dejaba a los novelistas-, pero se reservaba la libertad de crear, mediante su fantasía, un elemento visual, una síntesis, propia y potente, apta para ser llevada a la pantalla grande.

Porque las explicaciones en la pantalla grande, así como en el teatro están de más. El medio mismo empuja a que las cosas sean mostradas ante los ojos y oídos. Aquí vale el dicho: una imagen vale más que mil palabras.

Y estas escenas, eran sus creaciones, sus invenciones, debido al maravilloso sexto sentido que poseía para la puesta en escena, para el espectáculo.

Quizás en este punto jugó un rol el hecho de que su signo zodiacal fuese Leo (26 de julio, me refiero al zodiaco tropical).


Pero retomemos, estos momentos, a los que me refiero, son, por así decirlo, una suerte de hipótesis y revelación (al mismo tiempo), en forma de imágenes, que provienen de la misma fuente que la obra original, pero elevándolas -a mi gusto- a un plano superior.

Yo creo que Goethe llamaba a esto: fantasía exacta.

Es como si Kubrick y sus guionistas, hubiesen sido capaces de extraer el cuesco de estas historias, despojándolo del ámbito de la novela, para conducirlo al ámbito del cine.

E imagino que quizás, por lo mismo, dicen que Kubrick se interesaba mucho por los anuncios de cine y televisión, porque contaban historias de manera muy precisa y sucinta. Si revisamos los anuncios de su época podemos constatar a lo que se refería, pues muchos de ellos eran verdaderas joyas audiovisuales.

Veamos algunos ejemplos para ilustrarlo:

2001: Odisea en el espacio

Estrenada en 1968. 1

Se basa en un cuento de Arthur C. Clarke, El centinela, de 1948. Y el guíon fue escrito por Kubrick y el mismo Clarke.

En este caso, la escena central, alrededor de la cual gira toda la película, es la del embrión humano que flota en el espacio exterior a la vez que escuchamos la música del poema sinfónico Así habló Zaratustra de Richard Strauss.

El astronauta que sobrevivió a la rebelión de HAL (la computadora de la nave), ya anciano, tendido en una cama, estira la mano ante el rectángulo misterioso o monolito negro -que nos venía acompañado durante toda la película- como si quisiera salir a su encuentro, haciendo un gesto similar al de Adán y Dios, en el fresco de Miguel Ángel de la Capilla Sixtina.

Esta vez, ni Dios, ni el monolito negro, salen a su encuentro.

Sin embargo, en ese instante, el astronauta desaparece y lo que tenemos ante nosotros es un embrión humano rodeado de una esfera perfecta, iniciándose al mismo tiempo el tema de Strauss, donde música e imagen se desenvuelven sincronizadamente.

A continuación, la cámara se desliza hacia dentro del rectángulo hasta aparecer en el espacio exterior. Allí, nos encontramos a la luna -reconocible por sus mares- en la orientación que se puede apreciar desde el hemisferio norte.

Esto es curioso, Kubrick, nos vuelve a ubicar en la tierra. Al inicio de la película, el hueso, como herramienta primigenia, como germen de la tecnología, fue lanzado al aire, por los ancestros del ser humano, lanzándonos de la tierra al cosmos.

Ahora volvemos a ella, a su órbita.

La luna está en su en su fase menguante, es decir, que hace unos tres días estuvo llena, y avanza hacia la luna nueva.

Luego la cámara desciende hacia un planeta celeste, con zonas blancas, muy similar a ciertas imágenes de la tierra desde estaciones espaciales, y a la izquierda vuelve a aparecer la esfera con el embrión adentro, pero esta vez del tamaño del planeta azul blanquecino.

Hacia el final de la película, el embrión abarca toda la pantalla. La cámara comienza a rodearlo hasta que su mirada se encuentra con la nuestra, la del espectador.

Este es un momento intimidante.

Y la imagen se va a negro, mediante un veloz fade out.

La naranja mecánica

Estrenada en 1971 2

El libreto fue escrito por Kubrick a partir de la novela Clockwork Orange de Anthony Burgess, lanzada en 1962.

La escena central, según mi opinión, es cuando vemos a Alex dándose un baño de tina, en la casa de un extraño, a la vez que canta Singin’ in the Rain (cantando bajo la lluvia), una canción de 1952.

De pronto el dueño de casa, sentado en su silla de ruedas, escucha a Alex cantando la canción. Está atónito. Acerca su oído a la puerta del baño. En la toma siguiente, su rostro se ha desfigurado, expresando espanto y horror, como el cuadro el Grito de Munch.

No se nos explica nada, solo vemos la actitud corporal y el rostro del viejo, alternándose con un Alex cantando en la tina.

La imagen vale más que mil palabras.

Nosotros, entendemos lo que está ocurriendo ante nuestros ojos y oídos: el dueño de casa se da cuenta, de que, en su tina, se está dando un baño el mismo criminal que entró a su casa tiempo atrás, violando a su mujer (que más tarde se suicida) así como dejándole a él mimo en silla de ruedas.

Este mismo leitmotiv -el del criminal que vuelve a la escena del crimen, suplicando por refugio, que cuando se da cuenta es demasiado tarde, y que no está seguro si el dueño de casa lo reconoce o no- lo encontramos también en la magistral y bellísima balada del escritor suizo, Conrad Ferdinand Meyer, Los pies en el fuego (Die Füsse im Fuer).

Ahora, en la novela original, Alex se da un baño de tina, pero no canta canción alguna. El dueño de casa empieza a sospechar de él por el tono de su voz y por una palabra que utilizó.

Es decir, en la novela no hay una imagen, una síntesis que impacte por sí misma. Kubrick la creó, guiado por su sentido escénico, teatral, para que el espectador vea y oiga, sin explicación literaria alguna.

El resplandor

Estrenada en 1980. 3

The Shining, basada en la novela de Stephen King de 1977.

Los guionistas fueron Stanley Kubrick y Diane Johnson.

Aquí la escena que a mi parecer es el cuesco de la película, es la de Danny, el niño de unos 7 u 8 años, que, para arrancar de su desquiciado (o poseído) padre, sale del hotel y entra en un laberinto de setos en el jardín nevado.

Su padre, vuelto un monstruo, con un hacha en la mano, persigue a su hijo gritándole: «Danny, i´m coming, i´m coming Dan», «you can´t get away, i´m right behind you» («Danny, ya voy, ya voy», «Dan, no puedes escaparte, estoy justo detrás de ti»). 4

Luego de perseguirlo durante un buen rato, el niño se da cuenta de que su padre sigue las huellas que él va dejando en la nieve.

Y este es el momento mágico:

El niño, desanda algunos pasos, se lanza al costado, cubre con nieve algunas pisadas y se esconde detrás de los arbustos.

Al poco rato su padre llega hasta el fin de las pisadas y perplejo se da cuenta que han desaparecido.

El hijo ha engañado al padre y arranca del laberinto.

Al final el padre muere congelado dentro del laberinto.

Este leitmotiv, es muy interesante. Me hace pensar en el caballo de Troya de los griegos. En esa entrañable capacidad de jugar con la esencia y la apariencia, facultad que le permitió a los griegos también vencer a los persas y que gracias a ese triunfo, pudo nacer Europa. Es decir, la fuerza bruta vencida por la astucia.

Y así como en la Naranja Mecánica, esta escena tampoco aparece en la novela original. En la novela no hay un laberinto, sino setos de animales. El padre, Jack Torrence, tampoco muere de esa manera.

En este artículo, he tratado de mostrar un modo de navegar a través de la obra de Kubrick.

Escenas similares las encontramos en The Killing, cuando el maletín lleno de dinero, por culpa de un perro, se abre en el aeropuerto, lanzando los billetes por el aire. 5

O en Dr. Strangelove, cuando el mayor Coby sale del avión sentado sobre una bomba atómica, sacudiendo el sombrero y dando gritos como un jinete montando a un caballo chúcaro. 6

Si se observa bien, uno podría afirmar que se trata de los clímax de las películas, pero que en Kubrick nunca o casi nunca son momentos verbales, explicados mediante diálogos.

En ellos, no se nos ofrece una nueva información, un nuevo dato, sino que tiene lugar un enfrentamiento entre antagonismos a través de imágenes visuales y auditivas, que condensan el universo narrativo de la historia, mostrando el iceberg que la sustenta.

De tal modo que uno puede llegar a sentir que todo lo anterior, no fue sino una preparación para llegar a este punto, como en la planta floral, la raíz, el tallo, las ramas y las hojas, son la antesala y razón de ser de la flor.

La gran mayoría de sus películas -en la medida que fue alcanzando la total autonomía de su obra- tienen esta quinta esencia, que a su vez se debe al sexto sentido de Kubrick.

De algún modo, podríamos resumirlo así:

Kubrick, liberaba al cine de la literalidad para elevarlo al reino de la pintura (imagen) y de la música (sonido), remitiendo lo racional -en el sentido de un reduccionismo a una explicación unilateral- a la periferia de la obra, como antesala para lo esencial, de tal modo que el espectador, se viera motivado y estimulado a desarrollar una razón viva capaz de descubrir y jugar libremente en ambos reinos: en el de la esencia y en el de la apariencia, sin quedar atrapado ni en uno, ni en otro.

Y podemos ir más allá:

Kubrick, lleva el arte contemporáneo, nuevamente a la esfera del mito. En el sentido que, quizás, antes que él, filosóficamente hablando, lo planteo Nietzsche en El nacimiento de la tragedia a partir del espíritu de la música.

Como dijo el propio Jack Nicholson en el documental sobre Kubrick,  Life in Pictures: «Everyone pretty much acknowledges that he’s the man, and I still feel that underrates him», «Prácticamente todos reconocen que él es el hombre, y sigo sintiendo que esto lo subestima». 7

Aquí hago el comentario en un video.

Notas

1. Stanley Kubrick (Director). (1968). 2001: A Space Odyssey [Película]. Metro-Goldwyn-Mayer.

2. Stanley Kubrick (Director). (1971) A Clockwork Orange [Película]. Polaris Productions y Hawk Films.

3. Stanley Kubrick (Director). (1980) The Shining [Película]. Warner Bros. Pictures, Hawk Films y Peregrine Productions.

4. Ibídem. [mi traducción].

5. Stanley Kubrick (Director). (1956) The Killing [Película]. Warner Bros. Harris-Kubrick Productions.

6. Stanley Kubrick (Director). (1964) Dr. Strangelove or: How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb [Película]. Hawk Films.

7. Jan Harlan (Director). (2001) Stanley Kubrick: A Life in Pictures [Película]. Jan Harlan; Anthony (Tony) Frewin (assoc.) [mi traducción].

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