Hola a todos, bienvenidos a este episodio. Hoy quiero contarles brevemente sobre una serie de aspectos del sistema educativo que, a modo de ilustración, podemos compararlos con la apariencia, la estética de una obra de teatro.
Y así, durante los episodios siguientes seguir profundizando en las distintas escenas y actos en relación a su dramaturgia.
Teatro, en el cual, todos nosotros de una u otra manera, hemos desempeñado algún personaje.
Los elementos que revisaremos hoy son el horario escolar, el consejo o asamblea de curso así como el centro de estudiantes, la sala de clases, el uniforme y la apariencia de los estudiantes.
La enseñanza se organiza en torno a lo que llamamos el horario escolar, el cual se le presenta a los alumnos, al inicio del periodo escolar. En él encontramos las asignaturas distribuidas a lo largo de los días de la semana. Un día de clases normal puede comenzar con una clase de lenguaje, luego seguir con una de matemática, a continuación una de deporte y finalmente una de idioma extranjero. Y así cada día es distinto al anterior, y la semana siguiente vuelve a repetir el ciclo.
Junto con las asignaturas los estudiantes cuentan con una actividad curricular, cuyo nombre puede variar según el país, donde los estudiantes tratan sus propios asuntos guiados por un profesor o tutor.
Esta instancia tiene lugar tanto dentro del grupo de curso, bajo los nombres consejo de curso, asamblea de curso, entre otros, así como a nivel de toda la escuela, en la cual se reúnen los delegados o presidentes de cada uno y recibe el nombre de centro de alumnos, centro de estudiantes, etc.
Usualmente, en ambos niveles, tanto a nivel de curso como de escuela, son elegidos por votación un presidente, un secretario y un tesorero.
Los mismos estudiantes, guiados más o menos, por un profesor, van tratando un sinnúmero de temas y situaciones que se van presentando a lo largo de la vida escolar: problemas de convivencia entre estudiantes, entre estudiantes y profesores, problemas académicos, reclamos y necesidades, modificación de reglamentos, defensa de derechos, propuestas de actividades recreativas y culturales, entre muchos otros. Dentro de los más controvertidos se encuentran las tomas estudiantiles.
A ellas les dedico un episodio entero, llamado «Las Tomas Estudiantiles», donde desarrollo el tema desde varios puntos de vista.
En esta misma línea, la vida de los jóvenes, relacionada directamente con la vida escolar y universitaria, la trato también en los episodios: «La Vida de los Jóvenes» y «La doble Vida de los Jóvenes».
Bien, el consejo de curso es una suerte de clase práctica de educación cívica, donde los estudiantes se preparan para su futura participación en la democracia.
Pero lo que se pasa por alto es que, hoy en día en el mundo, se practican, al menos dos variantes de democracia: la representativa y la directa.
Y en este sentido, es interesante constatar que, en la escuela, se cultiva principalmente la directa.
Y esto es quizás un fenómeno digno para ser estudiado académicamente.
Durante los cerca de trece años que dura la vida escolar, a los alumnos se les incentiva a practicar la democracia directa, pues el presidente o delegado no debe tomar decisiones por sí mismo, sino que se limita a moderar entra las distintas posturas y a representar el consenso alcanzado en el centro de estudiantes, de otro modo será reemplazado, al no cumplir para lo que fue mandatado, facultad que la ciudadanía más tarde pierde bajo la democracia representativa, la cual opera más bien como un cheque en blanco.
¿Cuál es la mensaje que le damos a nuestros alumnos?
Mientras tus decisiones se limiten a tu grupo de curso o a tu escuela, y no tengan consecuencia social alguna, serás considerado en cada una de las decisiones.
Tan pronto egresas, serás llamado a votar cada cierto número de años, para que otros tomen las decisiones por ti.
Mientras tanto las encuestas, se encargan de legitimar al sistema político.
A la vez que ingentes sumas de dinero son invertidas en campañas electorales, en especialistas, en reportajes, en artículos periodísticos, en charlas, en libros, en opinólogos, en farándula, entre otros.
Estos representantes conforman la pequeña y reducida élite política, cultural y económica de las naciones.
La democracia representativa, opera bajo la lógica de la división del trabajo en el plano legislativo.
Pero, ¿se puede traspasar la responsabilidad?
¿o se trata de un sistema hecho para disolverla?
La pregunta es si esta lógica, aún está a la altura de los grandes desafíos de nuestros tiempos, en el contexto de la revolución digital: la ecología, la inmigración y el desempleo.
Desde el punto de vista de la cultura, esto lo vimos en el episodio «La Escuela y el Pensamiento multicausal», cuando hablamos de la relación entre la currículo mínimo obligatorio y la inmensa diversidad que suponen los barrios, las comunas, las ciudades y las regiones dentro de una misma nación.
Para los que quieran ahondar en el tema, les invito a ver mis episodios sobre la democracia directa en Suiza.
Para finalizar, sobrevolemos brevemente la sala de clases, el uso del uniforme escolar y la apariencia de los estudiantes.
Estos últimos, podríamos interpretarlos como el escenario, el vestuario y el maquillaje de los personajes.
Como comenté al inicio, a finalidad de estos episodios es avanzar hacia el libreto y la dramaturgia, que pulsa en el fondo. Es decir hacia las intenciones del director y del escritor de la obra.
Bien, la gran mayoría de las salas de clases se distribuyen en dos áreas: la del profesor y la de los alumnos. La del profesor está despejada. Es un espacio libre para que pueda pararse, sentarse y trasladarse, así como gesticular libremente. En general cuenta con una mesa donde están ubicados sus libros y el libro de clases. En la pared cuelga una pizarra, y los implementos ad hoc para proyectar textos, esquemas, imágenes y videos según la tecnología de turno, con lo cual apoya e ilustra su discurso. Para ahondar en el tema tecnología en las aulas, les invito a ver el episodio: La Realidad Virtual en la Educación.
En la zona de los estudiantes, por otro lado, hay filas de mesas con sus respectivas sillas situadas frente a la pizarra. De tal modo que cada alumno permanece sentado y mirando de frente hacia el profesor.
Pasemos ahora al uniforme escolar. En muchos países es común que los niños asistan a la escuela vestidos con uniforme. Este puede ser obligatorio para todos los colegios o la decisión puede descansar en la comunidad educativa particular. Se trata de una vestimenta formal, diseñada para ser utilizada exclusivamente en la escuela, la cual normalmente lleva el emblema del colegio estampado o bordado en el pecho.
Lo que más llama la atención de este tipo de vestimenta es lo poco idónea que es para el movimiento.
En este tipo de vestuario se repite la cualidad del aislamiento. Pero ya no en la dimensión mental, como ocurre con los exámenes escritos, tal como veremos en el episodio sobre los exámenes en la escuela, sino que a nivel corporal, es decir, el estudiante es restringido en su propio cuerpo.
El uniforme escolar impide y estorba el movimiento espontáneo y libre propio de los niños y adolescentes.
Las telas son en general poco elásticas y se dañan fácilmente. Las niñas y muchachas con sus faldas, no pueden realizar todo tipo de movimientos y los niños y jóvenes, pasan calor.
Para compensar esta unilateralidad, existe el uniforme de educación física, pero solo se utiliza para esa asignatura.
El niño, cuyas cualidades por excelencia son la flexibilidad, el movimiento, el asombro y la fantasía, se encuentra dentro de un sistema educativo, que sino las restringe del todo, las incorpora solo parcialmente en la metodología y la didáctica.
Dicho figuradamente, los niños, al tocar la campana del inicio de la jornada escolar, deben guardar estas cualidades en los casilleros, para luego retirarlas una vez que vuelven a sus casas.
El problema es que en casa, ya no les espera el barrio, los vecinos, los juegos y la naturaleza circundante (donde al menos antaño, de manera informal, se cultivaban aquellas cualidades) sino que en el mejor de los casos, permanecen en sus edificios jugando a juegos de video, pasando horas en solitario -pues ya casi no tienen hermanos- y comiendo golosinas que dañan su salud. El consuelo es que al menos, de esta manera, no se exponen a los peligros que asechan en las calles.
En cuanto a la apariencia, los colegios regulan el largo del pelo, el largo de la barba, el teñido, así como el uso aros y tatuajes.
Los criterios aplicados dependerán tanto del ministerio como de los reglamentos internos de cada colegio.
En este punto es muy interesante observar en las calles y medios de transporte, que a pesar de estas normas, los estudiantes, se las ingenian una y otra vez, para poder expresar estéticamente sus estados de ánimo, sueños e ideales.
Paso a paso nos iremos adentrando en los trasfondos de la educación, en lo que pulsa bajo la superficie. Bien, hasta aquí llegamos hoy, muchas gracias por su interés y nos encontramos en un próximo episodio.
Aquí hago el comentario en un video.
© todos los derechos reservados